Martín Pérez
CEO y fundador de Martín y Asesores. Una conversación sobre cercanía, marketing, posicionamiento de marca, digitalización, talento y el futuro de los despachos profesionales.
Introducción
El despacho abrió en enero de 2006. Lo puse en marcha, sin cartera de clientes y sin nombre en el sector. El primer cliente entró el 6 de febrero, el día que cumplía 34 años, y veinte años después sigue siendo cliente nuestro.
A partir de ahí el crecimiento fue lento y constante, cliente a cliente. Hoy somos quince personas, trabajamos en unas oficinas de 300 metros cuadrados en San Fernando y prestamos asesoramiento integral a empresas, pymes y autónomos de la Bahía de Cádiz.
Hace dos años dimos un paso que nos ha cambiado bastante: nació nuestra nueva marca, con un propósito distinto. Pasar de ser una asesoría que gestiona trámites a una asesoría que acompaña a personas. De ahí viene nuestra frase: quien tiene un asesor, tiene un amigo.
Cercanía y rigor. La cercanía es lo que hace que el cliente nos llame antes de tomar una decisión y no después. El rigor es lo que hace que esa llamada le sirva para algo.
De ahí salen dos cosas que repetimos mucho en el despacho. La primera es que al cliente se le dice la verdad, aunque no sea la que quiere oír; nuestro trabajo no es darle la razón, es evitarle problemas. La segunda es que detrás de cada expediente hay un negocio y una familia, y eso obliga a tratarlo con cuidado.
Y hacia dentro, cuidar al equipo. Cuando el equipo trabaja a gusto, el cliente lo nota.
El grueso de nuestros clientes se focaliza en el tejido empresarial de San Fernando y de la Bahía de Cádiz: pymes, autónomos y particulares, en su mayoría en régimen de iguala continuada. Aunque trabajamos por encargos puntuales, contamos con una cimentada base de relaciones estables, y eso es importante porque nos obliga a conocer el negocio del cliente y no solo sus papeles.
En cuanto a las áreas, ofrecemos asesoramiento integral en todo lo que necesita una empresa: fiscal, mercantil, laboral, contable, financiero, civil y de administración. Esa integralidad es una decisión nuestra. El empresario no tiene un problema fiscal aislado: tiene un problema de negocio que llega a la vez con consecuencias fiscales, laborales, jurídicas y financieras, y quiere resolverlo hablando con un solo despacho.
Que el cliente sabe con quién habla. No llama a una asesoría: llama a una persona concreta, que conoce su negocio y a la que reconoce. Parece algo básico, pero no es lo habitual.
Después hay dos elementos que no dependen de lo que digamos nosotros. Estamos certificados en la Norma UNE 420001, el único estándar de calidad específico para asesorías y despachos profesionales, que exige auditoría externa, formación continua, control de procesos y medición de la satisfacción del cliente. Y desde julio de 2026 formamos parte de iusTime, una red internacional que selecciona despachos de referencia en su zona y exige a sus miembros un código de conducta ética.
Todo eso ayuda a que nos conozcan. Lo que mantiene al cliente después es el trabajo de cada día.
Hace diez años el cliente pedía que los papeles estuvieran bien y presentados a tiempo. Hoy eso lo da por supuesto y pide otra cosa: previsión.
Quiere saber lo que le va a pasar antes de que le pase. Quiere que alguien le traduzca una normativa que cambia continuamente y le diga qué significa para su negocio en concreto. Y quiere respuestas rápidas, porque resuelve el resto de sus asuntos desde el móvil y no entiende que con su asesoría sea distinto.
Hay otro cambio menos visible: el cliente ya no acepta que le hablen en un idioma que no entiende. Buena parte de nuestra forma de comunicar nace de ahí.
Marketing y posicionamiento de la firma
Cuando entendimos que lo que teníamos no era un problema de comunicación, sino de marca. Y una marca no se construye con acciones sueltas.
El momento fue el cambio de marca, hace dos años. Éramos un despacho correcto, pero difícil de distinguir de cualquier otro. Y cuando el cliente no ve diferencias entre dos despachos, acaba comparando precio. Ese era el punto de partida.
Desde entonces el marketing dejó de ser algo que se hacía cuando quedaba un rato y pasó a tener responsable y presupuesto. Se convirtió en una decisión de dirección.
Es una de las decisiones que más ha influido en la evolución del despacho en estos dos años, y así lo tratamos.
Tiene un equipo dedicado y presupuesto estable. No es un presupuesto simbólico: la inversión acumulada en comunicación y marketing del periodo equivale en torno al 5,9 % de la facturación anual del despacho. Para una firma local, eso es una apuesta seria.
Pero lo importante no es la cantidad, sino el momento en el que entra. El marketing no está al final, contando lo que ya hemos hecho; está antes, condicionando cómo nos presentamos y cómo explicamos las cosas.
Trabajamos sobre cuatro ejes que se repiten en todo lo que hacemos.
El primero es humanizar la asesoría: los protagonistas de los contenidos son los asesores del despacho, con su cara y su nombre. No hemos contratado actores ni hemos comprado audiencia. El segundo es pasar del despacho a la conversación: reflexiones y situaciones reales de empresarios y autónomos, para hablar el mismo idioma que nuestros clientes. El tercero es el humor, para romper los códigos habituales del sector. Y el cuarto es informar: Renta, Verifactu, control horario digital y novedades fiscales y laborales explicadas de manera accesible y en abierto.
Fuera de la pantalla hemos hecho tres cosas: una valla publicitaria en una zona de mucho tránsito de la ciudad, la campaña de Navidad «Este año hacemos la carta por ti» y nuestra propia Jornada Profesional.
Casi siempre partimos de lo que escuchamos en el despacho. Las conversaciones con los clientes y las preocupaciones que traen cuando se sientan delante de un asesor son nuestra mejor fuente de ideas.
El calendario normativo marca otra parte del trabajo, porque hay obligaciones y plazos que hay que explicar sí o sí.
La campaña de Navidad es un buen ejemplo de lo primero. La idea era sencilla: mientras todo el mundo pedía regalos a los Reyes Magos, nosotros escribimos la carta por los negocios y pedimos lo que de verdad necesitaban para el año nuevo, que era más tranquilidad, más estabilidad, más previsión, más tiempo y más crecimiento. Y nos ofrecimos como solución.
Sí, trabajamos con planificación previa. Nada de lo que publicamos se decide sobre la marcha, aunque el resultado tenga que parecer natural.
Cada contenido pasa por dos filtros. El primero es el eje: tiene que responder a alguno de los cuatro, y si no encaja en ninguno, no se hace. El segundo afecta a todo lo normativo, que lo revisa el asesor responsable del área antes de publicarse.
En cuanto al canal, adaptamos el formato pero no el criterio. La misma idea tiene que sostenerse en un vídeo corto, en un artículo o en una valla publicitaria.
Menos de lo que parece. En nuestro sector, captar y fidelizar se apoyan en lo mismo, que es la confianza.
Todo el contenido informativo que publicamos está en abierto, sin registro previo y sin pedir nada a cambio. Sirve a la vez para que el cliente actual esté al día y para que quien todavía no lo es vea cómo trabajamos antes de contratarnos.
Dicho esto, hay acciones con una intención más clara. La campaña de Navidad se dirigió a negocios que no eran clientes, con entrega en mano, negocio a negocio. Y la Jornada Profesional es sobre todo una acción para nuestra comunidad. También publicamos las historias de nuestros clientes, a los que llamamos nuestros amigos, y ahí las dos cosas se mezclan.
Las redes sociales son el eje central y donde está el grueso del trabajo.
Los contenidos profesionales, entendidos como divulgación de lo que afecta al cliente, son los que sostienen la credibilidad de todo lo demás. Sin ellos, la cercanía y el humor se quedarían en simpatía.
Los eventos y las acciones presenciales han ido ganando peso. La valla publicitaria, la campaña de Navidad y la Jornada Profesional nos han demostrado que la marca no puede vivir solo en la pantalla.
Con una norma que no se salta nadie: todo contenido normativo lo revisa el asesor responsable del área antes de publicarse. Divulgar mal en fiscal o en laboral no es un error de marketing, es un perjuicio para quien nos lee.
A partir de ahí, el orden importa. Primero se decide qué hay que contar y se comprueba que es correcto. Después se decide cómo contarlo. Cuando se hace al revés, se acaba simplificando lo que no se puede simplificar.
Con el humor tenemos otra norma: nos reímos de las situaciones del sector y de nosotros mismos, nunca del cliente ni de su problema.
Miramos dos niveles y procuramos no confundirlos.
El primero es el de notoriedad. En el periodo hemos crecido un 92,02 % en comunidad y hemos multiplicado las impresiones en más de un 4.300 %, además de abrir dos canales nuevos desde cero.
El segundo es el que de verdad decide si algo ha funcionado: las nuevas empresas que se incorporan con iguala mensual y la evolución de la facturación. La facturación creció un 22,0 % en el último ejercicio cerrado y un 45,8 % en los siete primeros meses de 2026 respecto al mismo periodo del año anterior. En dos ejercicios, el crecimiento acumulado se acerca al 78 %.
Un dato de alcance, por sí solo, no nos dice gran cosa.
Ha sido determinante, y lo digo sobre todo por lo que ha llegado sin que lo pidiéramos.
Cuando El Español buscó voces del sector para explicar el aplazamiento del Verifactu, nos preguntaron a nosotros. No compramos esa presencia. Aparecemos también en la Revista Emprendedores y ocupamos el primer puesto del ranking de gestorías de San Fernando de un portal especializado.
Y el caso más claro es iusTime: no solicitamos entrar en la red, fue la red la que se dirigió a nosotros. Ese es el resultado que mejor resume estos dos años.
Existe, y la entiendo, porque yo mismo tardé años en dar el paso. En este sector nos hemos educado en la idea de que el trabajo bien hecho se recomienda solo, y durante mucho tiempo fue así.
El problema es que hoy el cliente compara. Si no encuentra ninguna diferencia entre dos despachos, comparará por precio.
Y hay una particularidad de nuestro negocio que cambia el cálculo. Los clientes que hemos incorporado tienen iguala mensual, es decir, son relaciones estables. El retorno de una acción de marketing no se agota en el ejercicio en el que se hace, sino que se mantiene los años siguientes. Visto así, es difícil llamarlo gasto.
Sí, podemos hablar de un antes y un después. Asistimos por primera vez en 2024 y aquella visita fue un punto de inflexión y la punta de lanza del cambio que hemos vivido en estos dos años.
Lo que nos aportó fue perspectiva. En el día a día es fácil pensar que la realidad del propio despacho es la del sector. Allí ves de una sola vez hacia dónde va la profesión, qué están haciendo otros despachos y qué herramientas van a estar sobre la mesa en los próximos años.
Volvimos con la idea clara de que había que moverse y de que no había tiempo que perder. Lo que hemos hecho después en marca, en comunicación y en tecnología arranca en buena medida de ahí.
Las Jornadas de Martín y Asesores
Surgió como el paso siguiente a todo lo anterior: dejar de hablarle a la pantalla y reunir a nuestra comunidad en persona.
La primera edición fue la Jornada de Transformación Digital, el 16 de mayo de 2025, en las instalaciones del Navantia Training Centre, en San Fernando. Allí comprobamos algo que de otro modo no habríamos entendido: una asesoría anónima no llena un auditorio y una marca reconocible sí. Lo que empezó siendo un vídeo grabado en nuestro despacho terminó reuniendo en la misma sala a más de un centenar de empresarios, al Ayuntamiento y a la mayor industria de la ciudad.
El objetivo no es comercial. Es ofrecer a nuestros clientes información útil, buenos ponentes y un sitio donde encontrarse. Ya estamos preparando la edición de 2026, prevista para el mes de noviembre.
El tema lo elegimos por lo que más nos están preguntando los clientes en ese momento. En 2025 estaba claro que era la transformación digital, Verifactu y lo que se les venía encima en su facturación.
Con los ponentes buscamos mezclar perfiles, para que nadie saliese con una sola versión de las cosas. En la primera edición contamos con Leire Gil Isla, con Víctor Pérez, de Adiss, y con Javier Cabeza de Vaca, decano del Colegio de Economistas de Cádiz, entre otros. Y tuvimos la presencia de la alcaldesa de San Fernando, Patricia Cavada Montañés, y del director de Navantia en San Fernando, Alberto Cervantes Sánchez.
En la organización participa el despacho entero. El día de la Jornada cerramos las oficinas y estamos todos allí, atendiendo a la gente que viene. Para nosotros es un día de trabajo como otro cualquiera, solo que fuera del despacho.
Mejor de lo que esperábamos para una primera edición.
Reunimos a más de un centenar de asistentes y contamos con la presencia del Ayuntamiento y de Navantia, que para una jornada organizada por una asesoría es un respaldo importante.
No pasamos ninguna encuesta de valoración. Nos guiamos por los mensajes de agradecimiento que recibimos de la inmensa mayoría de los asistentes en los días siguientes, que es una forma menos científica de medirlo pero bastante fiable.
La mejor prueba de que la respuesta fue buena es que estamos preparando la segunda edición para noviembre de este año. Si no hubiera funcionado, no repetiríamos.
Sí, y no me incomoda reconocerlo.
De posicionamiento, porque organizar una jornada te coloca en un sitio distinto: pasas de esperar a que te llamen a ser el despacho que convoca.
De fidelización, porque el cliente que asiste ve a su asesor en otro contexto y conoce al resto del equipo.
Y de marketing, porque genera contenido y conversación durante semanas. Ahora bien, hay un orden que no se puede alterar: si la jornada no le aporta nada a quien asiste, el efecto de marketing tampoco llega.
Sí, y en nuestro caso la palabra comunidad no es una palabra de marketing. A nuestros clientes hemos empezado a llamarlos nuestros amigos, y hemos publicado sus historias y sus preocupaciones como empresarios con la misma naturalidad con la que contamos las nuestras.
Lo que aportan estas iniciativas es contexto. El día a día de una asesoría es reactivo: hay un plazo o un problema y se resuelve. Una jornada rompe ese esquema, porque el cliente viene sin ninguna urgencia y con la intención de aprender algo.
Eso cambia la relación. Deja de ser solo la relación con el despacho que le lleva los papeles.
Digitalización, inteligencia artificial y talento
En comunicación, es lo que nos ha permitido tener alcance sin un presupuesto de gran cuenta. Todos nuestros contenidos se han producido dentro del despacho, con nuestro propio equipo y sin dejar de atender a los clientes.
En la relación con el cliente el proceso es más lento. Invertimos en cada una de las herramientas que se adecuan a nuestra manera de trabajar y estamos en pleno proceso de hacer partícipes de ellas a los clientes. Ahí está la dificultad: la amplia mayoría está acostumbrada a trabajar de una manera que para ellos es muy cómoda e incluso suficiente, y eso complica cualquier implantación.
Por eso no imponemos herramientas. Las explicamos, acompañamos al cliente y le demostramos para qué le sirven.
Estamos en los pasos previos a una correcta y adecuada adaptación, avanzando con paso firme y seguro.
Prefiero decirlo con esa honestidad. Trabajamos con datos de terceros, con responsabilidad profesional y con plazos que no admiten error, y ninguna herramienta puede entrar en ese circuito sin formación previa y sin control.
Las oportunidades las vemos claras: en la gestión interna, en todo lo repetitivo y de poco valor añadido; y en el servicio, en la capacidad de anticipar y de analizar. Pero el orden importa: primero preparar la casa y después abrir la puerta.
Estoy convencido, y creo que es una buena noticia para la profesión.
Durante años el asesor ha dedicado gran parte de su jornada a tareas que no aportan nada al cliente: volver a introducir datos, cuadrar papeles, repetir procesos. Hay que hacerlas, pero eso no es asesorar. Todo lo que se automatice de ahí es tiempo que vuelve a lo que nos pagan por hacer, que es pensar.
Con un matiz: ese tiempo hay que querer emplearlo en eso. Si se usa solo para asumir más volumen del mismo trabajo, habremos cambiado la herramienta pero no el oficio.
La primera, criterio. Cuando la información y el cálculo están al alcance de cualquiera, lo que se paga es saber interpretar y decidir. La herramienta da una respuesta; el asesor tiene que saber si encaja en el negocio que tiene delante.
La segunda, saber explicar. Un asesor que sabe mucho y no consigue que el cliente lo entienda vale la mitad.
La tercera, interés por la tecnología sin dejarse deslumbrar por ella. Hay que probar, pero no adoptar cualquier cosa por ser nueva.
Y la cuarta, el trato. Saber escuchar a alguien que viene preocupado por su negocio, que muchas veces es también su casa y su familia.
En nuestro equipo hay una presencia equilibrada de la experiencia que dan los años de profesión, pero un alto porcentaje de la plantilla son jóvenes con altas dosis de aptitud y una enorme actitud ante el trabajo y ante los retos. Esa combinación es uno de nuestros mayores activos.
En el desarrollo, lo importante es que son los propios compañeros quienes se involucran en la formación y en la adaptación de los nuevos miembros que se van incorporando al equipo. No se entrega un manual y ya está: hay alguien al lado.
Y hay algo a lo que doy mucha importancia. Los nuevos compañeros deben tener, desde el primer día, la seguridad de que han llegado al sitio adecuado para desarrollar su vida laboral y también su vida personal.
Creo que sí. Quien nos conoce a través de nuestros contenidos sabe cómo es el despacho antes de entrar: ha visto las oficinas, ha visto a los compañeros y ha visto cómo trabajamos.
Hay además una parte que tiene que ver con el orgullo de pertenencia. Nuestros asesores son los protagonistas de nuestra comunicación, con su nombre y su cara, y eso cambia la relación de una persona con el sitio donde trabaja.
Eso sí, conviene decir también lo contrario: si lo que se cuenta fuera no coincide con lo que se encuentra dentro, la marca atrae talento y lo pierde enseguida.
La incorporación a iusTime
Lo primero que conviene aclarar es cómo ocurrió: no solicitamos entrar en iusTime, fue iusTime quien se dirigió a nosotros.
Es una red internacional de asesorías, constituida como Agrupación de Interés Económico, con más de un centenar de oficinas en España y presencia internacional. Fundada en 2001, este año celebra su 25.º aniversario. Selecciona despachos de referencia en su zona y exige a sus miembros un código de conducta ética y un modelo de calidad certificado. En julio de 2026 pasamos a formar parte de ella.
Lo que buscamos es ganar dimensión, conocimiento y capacidad de respuesta sin dejar de ser el despacho de San Fernando al que el cliente llama por su nombre.
Sobre todo, conocimiento compartido. Cuando detrás tienes a más de mil profesionales, es difícil que un problema que te llega sea nuevo para todos ellos.
En formación y en tecnología, la ventaja es de escala. Una red puede analizar y probar herramientas de una manera que un despacho local no puede permitirse por su cuenta.
Y en el desarrollo de nuevos servicios, te obliga a levantar la vista. Ver cómo trabajan otros despachos de referencia en otras zonas es la mejor forma de detectar lo que a uno le falta.
Tener ADN iusTime viene a consolidar la orgullosa percepción de pertenencia que tenemos a la red desde que tuvimos el primer contacto con ellos.
Compartir es la base de todo. Es a lo que venimos: a compartir y a aprender. Ese leitmotiv de la red, convertido en lema y hashtag, ya lo sentimos como propio, y ahí se nota nuestra sensación de pertenencia: compartir para competir.
Y podemos aportar una idea que va más allá del marketing: que humanizar un despacho no es una táctica para las redes sociales, sino una decisión que se sostiene en todos los soportes y en la propia manera de atender al cliente.
Después, lo evidente: trabajo, conocimiento técnico y disposición para ayudar cuando otro compañero de la red lo necesite.
Van a ser determinantes.
Las exigencias han crecido en todas las direcciones a la vez: normativa que cambia continuamente, obligaciones digitales, inversión en tecnología, formación y un cliente que espera respuestas inmediatas. Sostener todo eso en solitario, con la estructura de un despacho local, es cada vez más difícil.
Ahora bien, colaborar no significa diluirse. Lo que nos convenció de iusTime es que la red no te pide dejar de ser tú: selecciona despachos que ya son una referencia en su zona y les exige un estándar.
El futuro que yo veo es un despacho con raíces locales fuertes y una red detrás.
Presente y futuro de Martín y Asesores
El primero es la implantación tecnológica en el cliente. Podemos tener el despacho preparado, pero si el cliente no da el paso, la mejora se queda a medias. Y nos encontramos con que la mayoría está acostumbrada a una forma de trabajar que para ellos es cómoda e incluso suficiente. Convencer sin imponer es un trabajo lento.
El segundo es mantener la cercanía mientras crecemos. Es fácil decir que quien tiene un asesor tiene un amigo cuando el despacho es pequeño. Sostenerlo con más clientes y más equipo es lo que de verdad cuesta, y es lo que más me preocupa.
Y el tercero, el talento. Atraer buenos profesionales, formarlos y conseguir que quieran quedarse.
Veo tres.
El primero, la automatización de la parte administrativa. Una parte importante de lo que hoy se factura en muchos despachos es trabajo mecánico, y ese trabajo va a valer cada vez menos.
El segundo, la digitalización obligatoria. Verifactu, el control horario digital y lo que venga después no son solo cambios técnicos: modifican la relación diaria entre el despacho y el cliente y obligan a rehacer procesos por las dos partes.
Y el tercero, la dimensión. Creo que veremos menos despachos y más grandes, y más alianzas entre firmas.
En crecimiento, me gustaría que siguiéramos ganando dimensión al ritmo que nos permita hacer las cosas bien. Podría dar una cifra, pero sería un titular.
En posicionamiento, tengo una idea concreta: que cuando alguien de la Bahía de Cádiz piense en cambiar de asesoría, nuestro nombre esté entre los primeros que le vengan a la cabeza. No por publicidad, sino porque nos conoce o porque alguien se lo ha contado.
Y hay algo que no quiero que cambie, aunque seamos el doble: que el cliente siga sabiendo el nombre de la persona que lleva su expediente.
Que un buen servicio es imprescindible, pero que un buen servicio que nadie conoce no compite. Y que el cliente que no ve diferencias entre dos despachos acabará eligiendo por precio.
Y una recomendación práctica: no hace falta empezar por una gran campaña. Nosotros no hemos contratado actores ni hemos comprado audiencia. Hemos puesto la cara y el nombre de nuestros propios asesores y hemos grabado en el sitio donde trabajamos, sin decorados.
Eso está al alcance de cualquier despacho. Lo único que hace falta es decidirse.
Significa que el cliente duerma tranquilo.
En la práctica son tres cosas. Que todo esté bien hecho y presentado a tiempo, que es lo mínimo. Que el cliente entienda lo que se le explica, porque el asesoramiento que no se entiende no sirve. Trabajar en equipo. Que el cliente esté convencido de que somos un departamento más de su negocio: un socio, nunca un proveedor de servicios. Caminar juntos de cara a prevenir problemas y que, cuando tenga uno, tenga muy claro a quién llamar y encuentre a alguien al otro lado.
Hacer bien este trabajo es acompañar a alguien que se ha jugado su patrimonio en un negocio. Por eso decimos que quien tiene un asesor, tiene un amigo.


